Un poco de música..

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domingo, enero 10, 2010

LA CASONA - UN POCO DE CALOR




Si que hace frío.. es más, no puedo dejar de tiritar, no veo la hora en que regrese. No creo que tiritar tanto sea muy bueno...

Al rato, escuchó abrirse la puerta, y oyó unos pasos apresurados que se dirigían hacia donde el estaba. Entonces la vió,y suspiró aliviado.

Desconozco cuales pueden ser sus intenciones, pero sean cuales sean, cuanto menos entraré en calor.
De verás que necesito entrar en calor, es lo que más deseo ahora mismo.

- ¿Tienes frío?.
- Si, mi ama, estoy casi helado, no puedo dejar de tiritar, por favor, ama, ¿podría soltarme?.
- Si, te hace falta entrar un poco en calor, creo que ya has aprendido como debes comportarte. - Dijó mientras cortaba el nylon que unía las pinzas a los pesos.

Le soltó y le pasó un albornoz.
- Muchisimas gracias mi ama.

Tras lo cual le esposo las muñecas a la espalda.
- Será mejor que te lleve a donde entres un poco más en calor. Tampoco es cuestión de que enfermes.
- Si, mi ama. Como diga.

Cerró la puerta del cobertizo, cruzaron el patio caminando por la gravilla con paso acelerado. A cada paso se iba clavando las piedrecillas en las plantas de los pies, pero no osó protestar.
Lo que más le preocupaba era el viento helado que había.

Ella con su bonito abrigo abrochado, su bufanda de forro polar, sus guantes, su gorro y sus altas botas negras.

El con un albornoz de ducha, de toalla y no demasiado largo. Pero feliz, feliz de poder dejar el cobertizo y entrar de nuevo en la casona.

Sea a donde sea que quiera llevarme, en la casa hay calefacción. Necesito entrar en calor y mucho.

Tras atravesar multitud de pasillos llegaron a la cocina, el bajo la cabeza apesadumbrado.
Esperaba que me llevase a mi cuarto, me daría igual la postura con tal de poder acostarme, la perspectiva de estar de nuevo dentro de la exigua celda, de pie y encadenado no se me apetece nada en absoluto, pero si es lo que desea, eso haré.

- ¿Tienes sed?. - Esposandole las muñecas hacia delante.
- He bebido mucho en el cobertizo, pero haré lo que desee.
- En tal caso, toma. - Ofreciendole un chocolate humeante.
- Oh, muchisimas gracias mi ama.

viernes, septiembre 18, 2009

LA CASONA - EL ANTIFAZ



La lluvia golpeaba con fuerza los cristales, el viento zarandeaba la puerta, que pese a estar cerrada se movía.
La toalla apenas si le alcanzaba para cubrirse, no ya para entrar en calor, puesto que la felpa era muy fina y estaba humeda, por haberse secado con ella.

De la ropa mejor ni acordarse, porque había formado un gran charco en el suelo, si acaso, lo único medianamente aprovechable y seco, serían los zapatos, que tampoco darían excesivo calor..

Trató de dormir, ya era tarde y estaba cansado, cansado de la larga caminata hasta allí, cansado de esperar horas bajo la lluvia, cansado del frío que hacía, cansado de estar allí sin hacer nada...

Había logrado echar una cabezadita, cuando de pronto el sonido de su movil le despertó, abrió los ojos extrañado, le costó unos segundos recordar donde estaba.

Cogió el movil y leyó varias veces el sms, para cerciorarse de lo que leía.
SMS: "Llegaré en una hora, deja tus cosas en el cobertizo, no las necesitarás de momento. Ponte un poco presentable para recibirme".

Finalmente el momento que tanto deseaba, había llegado.
Cogió su chaqueta y sacó del bolsillo un antifaz de cuero negro. Lo miró con aprensión, una vez que se lo hubiese puesto, estaría totalmente ciego, no podría ver nada.
Pero debía hacer lo que le pedía, se lo puso y al instante, pesé a lo asustado que estaba se excitó.

jueves, septiembre 10, 2009

LA CASONA - EL COBERTIZO



La lluvia seguía callendo, ya estaba totalmente empapado..
El sonido del móvil le sobresaltó.
Se apresuró a leer el sms, de todas formas que podía hacer allí, salvo esperar y echar un vistazo al móvil...
Sms: "Llegaré más tarde, la verja está abierta, empujala. La llave del cobertizo está bajo el felpudo. Ponte comodo. Ya tendrás noticias mías.

Por lo menos ahora tenía algo que hacer... y podría dejar de mojarse.
Empujó la pesada verja, que chirrió y no sin esfuerzo logró moverla, era muy pesada, y estaba cansado. Al tercer intento la obstinada verja cedió, y le permitió entrar.

El cobertizo estaba al lado de la verja, tapado con los matorrales, más que cobertizo debió de usarse en sus buenos tiempos como garita, ya que disponía de una ventanilla a través de la cual observar y ver si convenia abrir o no la puerta.
El cobertizo por afuera se veía recien pintado y bonito, pero nada más lejos de la realidad, dentro sus paredes estaban totalmente desnudas, a ladrillo vista, ni siquiera estaban lucidas las paredes.

En el cobertizo lo único que había era una silla y una toalla, sobre el suelo de cemento...
Muy previsora, pensó, como siempre..

Se quitó su ropa calada y se envolvió en la toalla tratando de entrar en calor.
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