Un poco de música..

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lunes, diciembre 02, 2013

LA CASONA - MAS FÁCIL IMPOSIBLE..




Mierda de máscara. La odio, joder. 
Vaya si la odio. Apenas me la acaba de colocar y ya estoy respirando aire enrarecido. 
Mierda, ahí va otra ahuja mas..
- Y yo que creía que tenías ganas de movimiento. Hay que ver que equivocada estaba. - Dijo entre risas mientras le atravesaba el escroto con una larga ahuja.
- Mmmmmmmmmmmmmm. - Chilló a través de la máscara de gas mientras palidecía y daba un fuerte tirón a las esposas que le mantenían sujeto a las argollas de la pared.
- Ciertamente delicado, casi, casi como si fueses de porcelana. - Dijo riéndose mientras conectaba el dildo eléctrico y lo ponía a plena potencia.
- Mmmmm. - Chilló preocupado mientras se revolvía inquieto.
- Y ahora lo más sencillo del mundo. Lo único que te pido que hagas estoy segura de que sabrás hacerlo. - Dijo mientras le guiñaba un ojo y se reía de él.
Joder.. Joder.. 
Miedo me dan sus ideas. Ahora si que la he hecho buena. Si ella dice que hasta yo podré hacerlo, o mucho me equivoco o las voy a pasar putas..
- Lo que debes hacer, es realmente sencillo, ya lo verás. - Dijo riéndose mientras esparcía por el suelo una caja completa de chinchetas justo donde el debía apoyar los talones en cuanto no aguantase mas de puntillas.
- Intenta mantener tu postura y si ello te es demasiado difícil. Lo único que deberás hacer es relajarte y disfrutar un ratito mientras vuelvo. - Dijo entre risas mientras cerraba la puerta a sus espaldas.
- Mmmmmmm. - Chilló preocupado mientras miraba el depósito de la máscara de gas con odio.
Mierda.. Mierda. Mierda.
Estoy al limite de mis fuerzas. 
No aguantaré mucho mas sosteniendo el peso de mi cuerpo sobre mis dedos.
Y lo último que desearía ahora sería clavarme las jodidas chinchetas..

domingo, enero 10, 2010

LA CASONA - UN POCO DE CALOR




Si que hace frío.. es más, no puedo dejar de tiritar, no veo la hora en que regrese. No creo que tiritar tanto sea muy bueno...

Al rato, escuchó abrirse la puerta, y oyó unos pasos apresurados que se dirigían hacia donde el estaba. Entonces la vió,y suspiró aliviado.

Desconozco cuales pueden ser sus intenciones, pero sean cuales sean, cuanto menos entraré en calor.
De verás que necesito entrar en calor, es lo que más deseo ahora mismo.

- ¿Tienes frío?.
- Si, mi ama, estoy casi helado, no puedo dejar de tiritar, por favor, ama, ¿podría soltarme?.
- Si, te hace falta entrar un poco en calor, creo que ya has aprendido como debes comportarte. - Dijó mientras cortaba el nylon que unía las pinzas a los pesos.

Le soltó y le pasó un albornoz.
- Muchisimas gracias mi ama.

Tras lo cual le esposo las muñecas a la espalda.
- Será mejor que te lleve a donde entres un poco más en calor. Tampoco es cuestión de que enfermes.
- Si, mi ama. Como diga.

Cerró la puerta del cobertizo, cruzaron el patio caminando por la gravilla con paso acelerado. A cada paso se iba clavando las piedrecillas en las plantas de los pies, pero no osó protestar.
Lo que más le preocupaba era el viento helado que había.

Ella con su bonito abrigo abrochado, su bufanda de forro polar, sus guantes, su gorro y sus altas botas negras.

El con un albornoz de ducha, de toalla y no demasiado largo. Pero feliz, feliz de poder dejar el cobertizo y entrar de nuevo en la casona.

Sea a donde sea que quiera llevarme, en la casa hay calefacción. Necesito entrar en calor y mucho.

Tras atravesar multitud de pasillos llegaron a la cocina, el bajo la cabeza apesadumbrado.
Esperaba que me llevase a mi cuarto, me daría igual la postura con tal de poder acostarme, la perspectiva de estar de nuevo dentro de la exigua celda, de pie y encadenado no se me apetece nada en absoluto, pero si es lo que desea, eso haré.

- ¿Tienes sed?. - Esposandole las muñecas hacia delante.
- He bebido mucho en el cobertizo, pero haré lo que desee.
- En tal caso, toma. - Ofreciendole un chocolate humeante.
- Oh, muchisimas gracias mi ama.

viernes, abril 18, 2008

LA CASONA - NOCHE FRÍA


Era una fría noche de invierno, los copos de nieve caían lentamente cubriendo el empedrado camino de piedra, a lo lejos se veía una casona señorial que antaño había sido lujosa, y ahora estaba aparentemente abandonada.

Tan solo se podía ver el piso superior, unos amplios ventanales cubiertos por gruesas cortinas que no dejaban pasar la luz ni ver si dentro había alguien; el tejado sin embargo se veía impoluto, señal de que había sido reparado recientemente; las altas verjas de hierro oxidado cubiertas por el seto no permitían obserbar nada.

El sonido del viento apenas dejaba oír nada, las ramas de los árboles se quebraban debido a la incipiente tormenta desencadenada, a lo lejos el sonido de las olas sacudía el acantilado con furia.
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