Un poco de música..

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miércoles, enero 13, 2010

LA CASONA - LA MESA..



- Muchisimas gracias, mi ama. Hacia días que no bebía algo tan delicioso.
- Me alegro de que te guste, necesitabas algo que te hiciese entrar en calor. Ya no tienes frío, ¿verdad?.
- No mi ama, ya no tengo frío, gracias.
- Tumbate sobre la mesa.
- Pero.. pero... me clavaré todas las pinzas.
- Por favor, mi ama, ¿podría quitarme antes las pinzas? - Dijo mientras la miraba con ojos suplicantes.
- No te preocupes por las pinzas, si se caen te las volveré a poner, tal cual están.
- Si, mi ama, como diga.

Malditas pinzas.. Por si no fuese suficiente con el nylon que las mantiene unidas y tirantes.. Ahora además, debo cargar mi peso sobre ellas.

Y para colmo, seguro que si se me cae alguna, no solo la volverá a colocar, sino que seguro que además se propone castigarme por haberme movido en exceso o lo que sea. Si me acuesto con suavidad igual consigo que no se me caigan.

Y si trato de no moverme, hasta es posible que no se me incrusten más de lo que están.
Tengo que intentarlo..

- Colocate un poco más hacia delante, tu cabeza debe colgar fuera de la mesa, junto con tus brazos.
- Si mi ama, como desee.

Tras unir las esposas de sus muñecas a una cadena, la pasó por debajo de la mesa y unió ambos tobillos por separado a ella. Dejando la cadena tirante, hiciese lo que hiciese traccionaría sus tobillos o se clavaría las esposas en sus muñecas.

- Tratá de no moverte, ¿entendido?.
- Si mi ama, lo intentaré.
- Aún te hace falta, una buena mordaza.
¿La mordaza?.. ¿Para no oír mis gritos..?. No sé lo que va ha hacer, pero sea lo que sea lo que tenga pensado hacer, no me gustará.. Sé que no me gustará.

Mierda.. Otra vez el dildo.. ufff, es realmente grande.
Odio ese maldito dildo.. si al menos usase cualquier otro dildo.. pero no, tiene que ser el más grande de todos..
- Será solo un momento, no te muevas..

Cogió el dildo y de un golpe seco, se lo introdujo con fuerza.
Las lagrimas rodaron por sus mejillas, y la mordaza reprimió su grito de dolor.

martes, diciembre 29, 2009

LA CASONA - EN TENSIÓN



- Por supuesto que lo beberás. - Dijo mientras le volvia a poner el embudo en la boca.
- Mi ama, por favor. Me beberé cuanto guste, pero.. por favor, ¿me permitiría beber sin el embudo?.
- No, nada de eso, no puedo consentir que bebas sin comodidad. ¿Que te enseñaría si lo hiciese?.
- Tiene razón, gracias mi ama, tengo que aprender a comportarme como debo.

La botella estaba casi vacia, el la miró aliviado, creyendo que una vez terminada no tendría que beber nada más.
Pero se equivocaba..

- No te preocupes, aún hay otra botella para tí. ¿No creerías que después de haberte negado a beber, me iba a conformar tan solo con una botella, verdad?.
- Pero mi ama.. ya he bebido mucho. ¿Podría terminarme la botella más tarde o no beber más?. Por favor, mi ama.
- Se ve que hoy no recuerdas cual es tu lugar.
- Lo siento mucho, mi ama. No pretendía contrariarla, disculpeme, por favor.
- No te preocupes, no tengo el menor problema en recordatelo.

Cogió una cadenita y le ato los huevos a conciencia, adquirieron el clásico color morado palido; después colgó la cadenita de una polea y enganchó un peso.

- ¿Con mas ganas de seguir bebiendo?. - Dijo mientras le sonreía.
- Si, mi ama. Como desee.
- Pero antes, habrá que ponerte un poco mas cómodo.
- Como mi ama diga.
- Por supuesto. Te hacen falta unas pinzas.

Una a una, le fue colocando las pinzas, primero en el muslo derecho, hasta que ya no quedaba prácticamente un solo centimetro de su muslo sin pinzas. Y luego su muslo izquierdo corrió igual suerte.

Luego, cogió un fino hilo de nylon y unió cuidadosamente cada pinza, y en el extremo situó un peso, que traccionaba las pinzas, de forma que el menor movimiento brusco se las arrancaría una a una con fuerza.

- Mucho mejor, ahora si estás un poco cómodo, y si sabes lo que te conviene tratarás de moverte lo menos posible. - Dijo mientras exhibía una amplia sonrisa.
- Si mi ama, lo intentaré.

Tras no pocos esfuerzos logró terminarse las dos botellas.
- Ahora lo más sencillo, descansa un ratito, volveré pronto. - Dijo mientras le guiñaba un ojo, y se iba cerrando la puerta a su espalda.
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